domingo, 1 de enero de 2012

Año nuevo, mismo dilema.

¡Un nuevo año ha llegado! Celebremos mientras podamos, porque el primer día es un mero paréntesis en nuestras vidas.

2012 años, justo después de que se comenzase un calendario arbitrario a partir de un hecho de dudosa datación. Estos 20 siglos completos han dado paso a imperios inmensos, a cómo la fe es más fuerte que la razón, saqueos, asesinatos, esclavitud, corrupción, guerras o genocidio. Pero también se han conseguido cosas muy provechosas como las mejoras en salud y en condiciones de vida, la asimilación de derechos humanos, la igualdad y el deseo de paz general; en definitiva, el progreso (discutible por las teorías de Benjamin, para saber más, leer de este link: http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/benjaminw/esc_frank_benjam0022.pdf).

Sin embargo, cosas buenas o cosas malas, siempre tenemos problemas, cosas en contra y es un buen momento de reflexionar y proponer cambios que mejoren nuestra vida.

Habitualmente, se toman los problemas del año anterior como punto de partida, bien sea el amor, el trabajo o simplemente que perdure la prosperidad. Una vez enumerados nuestros problemas, hacemos una lista simpática donde nos proponemos una serie de objetivos a cumplir a lo largo del año. En un inicio, me preguntaba por qué casi nadie era capaz de conseguir lo que se proponías, sin embargo, me ayudó a reflexionar los datos que recogí al ver un programa de Redes cuyo tema principal era la voluntad.

Principalmente, se manifestaba que el ser humano, se proponía una serie de objetivos en los cuales se esforzaba de forma cercana a su límite a partir del comienzo del año. No obstante, el esfuerzo desmesurado resultaba contraproducente pues el cansancio llega rápido y por lo tanto, se comienza a desistir debido al hastío y al infructuoso esfuerzos. Y claro, el fracaso nos conduce a un bajo estado emocional. En un principio, nos hemos creado una serie de objetivos a cumplir que los consideramos como esenciales, a colación del fracaso, las expectativas depositadas en el éxito mellan en el ánimo de la persona, que llega a pensar que su esfuerzo ha sido inútil porque sus cualidades no llegan a alcanzar el propósito impuesto.

Sin extendernos demasiado, esta relación expectativa-fracaso puede ser extrapolada a muchos ámbitos, como por ejemplo las más usuales que están relacionadas con el aprendizaje; bien sean los estudios principales, el desarrollo de destrezas artísticas o simplemente, el estudio de lenguas extranjeras. La expectativa de tener que conseguir un éxito obligatorio nos induce a una presión desmesurada cuando no se tiene total seguridad de conseguirlo. Como consecuencia, entramos en una sensación de ansiedad que hace que nos sentamos aún más inseguros, nuestros pensamientos se dispersan y finalmente, perdemos la concentración, alejándonos de conseguir aquello que queríamos. En definitiva, suele producirse por una suma de baja autoestima y mala planificación.

 A pesar de todo, no es tan mala idea la enumeración de una serie de objetivos a principio de año, siempre y cuando se vayan cumpliendo poco a poco y uno por uno, de tal forma que nunca lleguemos a saturarnos tal y como manifiestan expertos en la materia.

En mi modesta opinión, la actitud no es hacer una lista y cumplir al pie de la letra lo que dice. Más bien, sería mejor idea valorar los proyectos que ya teníamos entre manos e ir buscándole una solución a los más sencillos de resolver y poco a poco los más complicados, de esta forma, una serie de éxitos nos alimenta el optimismo para seguir luchando. Poco a poco, también deberemos ir afrontando los dilemas y desafíos que nos presenta el año, pues ya llevaremos un bagaje suficiente como para ser capaces de enfrentarnos a dichos retos.

Esto no es ciencia pura, sino la conjunción de experiencia, razonamiento y algún dato concreto. Bajo mi experiencia personal, he tomado un trozo de papel con la frase "Con la misma ilusión que el primer día" y debajo redacté de forma breve el pensamiento que me hizo plantearme los desafíos en los que me he embarcado, de manera que cuando me sienta cansado o frustrado, recuerde exactamente el motivo de que hiciese lo que estaba haciendo. Y tú, si me lees, te animo a que lo pruebes, deseando que sea útil.