sábado, 7 de julio de 2012

Doce palabras insulsas



El mundo está en ruinas. Se dice mucho y se habla poco. Es como si la verdad se hallase lejos de la palabras y los ojos, los labios y el movimiento de las manos manifiestan toda o la mayor verdad sobre alguien, pero al final no sabemos nada.
Durante mis años de vida he intentado conocer a la gente, a uno siempre le gusta sentir el afecto y cercanía de los demás, y sin embargo, siento que nadie me ha dicho nada nunca y que quizá haya sido el idiota que ha hablado de más por tener poca mala idea.
Desde el momento que pones la televisión y ves las noticias, puedes contemplar como una ristra de políticos que dicen mucho y no cuentan nada, se recrean en la ramera idea del nihilismo que se encarga de mantenernos engañados con cálidas palabras que al fin y al cabo son eso, palabras, cuyo efecto desaparece cuando se hace el silencio.
Podemos hablar del ejemplo de la crisis económica, es manifiesto, tres legislaturas de lujo con el ladrillo hicieron que se perdiese el estado de alerta ante un futuro incierto. Y caímos. Y desde entonces se han malversado los fondos, se han hecho proyectos inútiles y se han aprobado una serie de medidas ineficientes. Gracias a ello hemos tragado mierda a más no poder, nos han robado, nos recortan y encima nos hacen creer que es nuestra culpa por gastar, hipotecarnos y querer vivir.
Ese representa el claro ejemplo en que erramos al creer lo que digan los demás, porque realmente no dicen nada. La vida se convierte en una vana competición en la que en lo único que ganamos es miseria. Todo se convierte en aparentar; la mejor pareja, el mejor trabajo, el mejor coche o la casa más grande. En cambio, eso no representa absolutamente nada en nuestro grandilocuente plan de vida.
Todo se ha vuelto imagen, porque siempre estamos pendientes de lo que otros esperan que seamos, y sin embargo nos olvidamos de ser nosotros. Nietzsche decía que no había placer mayor que el de ser uno mismo, no obstante, eso parece estar olvidado. Es más importante disfrutar de la acogida de alguien, a pesar de que realmente nos hemos visto desplazado.
Y todo porque nos hemos olvidado tanto de hablar como de escuchar. Todo cae bajo una lupa de interpretación. No se oye ni se escucha, se interpreta. Siempre dicen los demás lo que queremos que digan porque vivimos bajo la psicosis de que todo es como queremos que sea, y entre unas cosas y otras, nunca nos expresamos.
¿Y así cómo queremos cambiar el mundo sin hablar, sin escuchar y sin expresarnos? Estamos destinados a ser libres de expresar y de entender correctamente y que de ello saquemos cosas positivas. Por eso te dedico mis doce palabras insulsas."Habla y escucha. Mejorará tu vida junto con la de los demás. "