Tras
la agridulce despedida del Origin of Symmetry en el
festival de Reading 2011, Muse se alejó durante un año de los escenarios para
preparar su nuevo álbum, uno que hiciese olvidar ese amargo regusto que dejó
The Resistance, pues a pesar de ser un buen disco, se quedó en eso, en un buen
disco meramente.
Y con The 2nd Law, Muse continua esa
tendencia de discos de transición. Algunos pueden criticar que se les ha subido
la fama, cosa que no sabrán más que ellos y su entorno, pero sí que podemos
resaltar un fenómeno clásico en la música, que cada X discos, los grandes
grupos empiezan a perder su originalidad y caen por el propio peso del legado
que dejaron. Y Muse parece seguir esos mismos pasos.
En junio, se filtró Survival, la
cual resultaría el tema principal de los J.J.O.O, más tarde se filtraría la
primera parte de la sinfonía The 2nd Law, titulada Unsustainable donde Muse
ampliaba sus recursos hacia el dubstep y finalmente, el primer single, Madness,
que iba dirigido hacia un estilo más pop, lo que ya dio paso directamente al
disco.
En líneas generales no podemos decir
que es un mal disco ni que suene mal si tenemos en cuenta la tendencia que
lleva Muse en sus últimos 4-5 años, pero es verdad que resulta un disco caótico
en el que existen demasiados picos y valles, momentos que te enganchan a darlo
todo con la canción y otros que te llevan al sopor absoluto. Por contra, dicho
caos también es una de sus virtudes que le atribuye al disco la variedad de no
caer en un sonido monótono todo el disco, así como la gran variedad de
registros vocales de los que Matt hace gala, pues a pesar del desgaste propio
de los años, demuestra una gran madurez y técnica en el dominio de la voz.
El principal mal de este disco es la
expectación creada por el grupo y quizá venga condicionado por el nivel
desaprovechado que denota el disco; da la sensación de que son capaces de mas
pero se han asentado en un cómoda posición.
Y justo ese aspecto del nivel es
para mí el punto flaco de este disco hablando con respecto al sonido. Este
trabajo se erige sobre el liderazgo como Matthew Bellamy como vocalista, es el
sino y fuerza de su voz lo que hace que el disco gane y pierda enteros, lo cual
me parece un error. Si eres solista, quizá sea el camino, pero contando con un
grupo a tus espaldas, quizá sea una mejor opción aprovechar el talento y la
variedad de tus compañeros en la banda para crear melodías más elaboradas y
brillantes y no dejar recaer el peso del disco sobre la posición del cantante.
Este tema también toca al mismo
Bellamy, en un disco en el que apenas se nota la versatilidad de la que siempre
ha hecho gala llevando el timón del grupo desde el liderazgo en la voz, la
energía de la guitarra y la elegancia del piano, que fue ese sonido variado y
trabajado que a muchos nos hizo tomarle como una referencia musical en el
aspecto de la alternancia de estilos, así como el conocimiento de varios
instrumentos que permitiese dar mayores matices a la música, tal como si fuese
una paleta de colores.
En cambio, a pesar de algunos
cambios de ritmo, Muse cae en el paradigma quizá de la música en los últimos 15
años, que es el sonido lineal que triunfa por lo identificado que se sienta el
público con su letra y no por lo virtuosa que sea la persona tras el
instrumento o el micro. Así como además el disco cuenta con un abuso del sonido
electrónico, que quizás en vez de un protagonista debiera ser un secundario de
lujo, tal como pudo ser Bliss en el Origin of Symmetry, Take a Bow en el Black
Holes & Revelations o Undisclosed Desires en The Resistence.
Así pues, nos adentramos en la
escucha canción por canción; empezando por Supremacy, que quizá sea uno de los
mejores temas del disco.
Su comienzo viene cargado de fuerza
con un riff bastante cercano al heavy, al que viene seguido por la introducción
del sonido orquestal de cuerda, recordando directamente al tema No Leaf Clover
de la excéntrica incursión de Metallica en el sonido orquestal en el S&M.
Sin embargo, de ahí en adelante, el tema pierde fuerza en el aspecto musical y
concentra su fuerza en el chorro de voz de Matt, cayendo en uno de los
recurrentes defectos de este disco, que es el exacerbado liderazgo del
cantante. No obstante durante el resto de la parte vocal, Matt le aplica un
sentido épico con el in crescendo que ejecuta en la estrofa principal. Del
resto del tema, quizá quepa reseñar la inclusión de un muy buen solo, de los
varios que caen en este disco, marcando una excepción ya que su sonido ha
estado marcado por los riffs.
A continuación llega Madness y la
incursión popera del grupo. Mi cara de incredulidad era digna de foto; de cómo
fue vendida como el mejor tema escrito por Bellamy, y sin embargo era un tema
monótono y lineal, en el cual sólo llaman la atención un solo escueto, la carga
sentimental de la letra y cuanto podían deformar los efectos la voz de los
coros. De resto nos queda un tema decepcionante.
La tercera canción (mi favorita para
más inri) se titula Panic Station. Es de esos pocos temas donde percibes que
Chris hace tapping con furia en el bajo rememorando el tema Another One Bites
The Dust y además destaca por la incursión en el funk con un toque muy disco. Este
tema (y ya van tres) vuelve a llevar un solo animado que incita al baile. No es
una canción que se caracterice por ser brillante, pero es funcional: te lo hace
pasar bien, te anima y te marcas unos bailes.
Posteriormente llega Survival,
precedido de Prelude, una brillante intro marcada por una excelsa y épica
composición orquestal (dando una muestra del que según mi criterio debía haber
sido el camino a seguir por la banda de Teignmouth). A colación llega el
archiconocido tema de los juegos olímpicos, en el que para mí es de los pocos
que muestran el gen Muse con el dominio de piano, dos buenos solos y la
introducción de un buen riff. Todo ello con un coro que parece de ultratumba
que parece y le aporta a la canción un toque espectacular. Sin embargo, esta
canción cuenta con dos puntos flacos. En primer lugar, la simpleza de la letra
y en segundo lugar, que el sonido recuerda demasiado a Queen y es algo que por
las comparaciones les puede empezar a lastrar demasiado.
Dando un brutal cambio de tercio,
Muse comienza con Follow Me su ruta de la electrónica acercándose en ciertos
momentos al dubstep. A decir verdad, de lo poco a destacar es la voz en la
parte inicial y lo marchoso que resulta el tema, porque de ahí en adelante
frustra ver el potencial instrumental perdido y la simpleza del tema. Quizá
Panic Station pasase el filtro por su colocación, pero más temas de baile
resultan cómicos para un grupo que se ha caracterizado por la experimentación
con instrumentos.
A mitad del disco nos encontramos
con Animals, lo que da cierre a la mejor parte del disco. Un tema que nos
recuerda a Radiohead y en ciertos rasgueos parece sonar la Fiesta Red de Mark
Knopfler. A decir verdad es el único tema bien tocado y bien cuidado de
principio a fin, donde por fin un buen riff y un solo llevan el mando en la
canción. Dentro de este album queda encuadrado como un tema excelso, quizá por
la introducción de un sonido más melódico de la guitarra y la voz muy cuidada.
No es mi tema favorito, pero musicalmente para mí es el mejor tema del disco.
Llegados a este punto, viene la parte mala,
comandada por la emotiva pero soporífera Explorers. Es cierto que la voz vuelve
a ser de una gran calidad, pero al oído se hace una canción muy repetitiva y
que es la típica que te saltarías del playlist antes de dormirte. Puede
gustarte la letra, pero musicalmente es un tema muy soso. Del mismo pie cojea
Save Me, un tema cantado correctamente por el bajista, pero tal como leí, es un
despropósito con autotune y a mi juicio es una mera escusa para dar a Chris una
canción.
Intercalada entre las dos anteriores,
encontramos Big Freeze, que recuerda directamente a Neutron Star Collision y no
llega a ser otro tema simple de los que adolece esta parte del disco. No es una
mala canción, pero no queda claro qué pinta ahí. Vuelve a ser otro tema en el
que te amargas pensando en el potencial de Muse y que tengas que escuchar eso.
El último tema vocal es Liquid
State, nuevamente por Chris. Este tema parece rescatar los antiguos riffs de
las b-sides de la era Hullabaloo, sin embargo, la voz no corresponde a lo que
pide el tema, que exige las dotes de Matt. Además, la canción parece coger
velocidad y fuerza, pero jamás llega a explotar, donde tienes la impresión de
que le falta algo para ser el tema que debería ser.
Finalmente, llegamos a la parte
instrumental de disco que encontramos en The 2nd Law, subdividido en dos
partes: Unsustainable y Isolated System.
En la primera de ellas, asistimos a
una música inicial que parece indicar la llegada de algo apocalíptico, sin
embargo, a mitad, el tema sufre una ruptura musical con el giro hacia el dubstep
que destroza el tema. Más que nada, el destrozo es causado por la
incompatibilidad de esos estilos en ese momento que quizá por separado
funcionasen mucho mejor. Porque por mucho que intentemos hablar de música electrónica,
esto no llega ni de lejos a la música experimental y alegre de Jean Michel
Jarre, ni al dubstep más actual, ya que no termina de adentrarse bien en el
estilo.
Y la segunda parte, mucho mejor que
la anterior, empieza con ciertas reminiscencias al Tubular Bells de Mike
Oldfield, pero nada más lejos de la realidad, pues las dotes de Oldfield para
la composición siempre han sido superiores (también se ha dado sus palos), tras
la que con una parte intermedia de piano, termina en una parte
predominantemente electrónica, que a pesar de sonar bien, queda bastante lejos
del nivel de Exogenesis.
Os guste o no, el nuevo Muse ha
llegado cargado de una música más cercana a todos los públicos y olvidando los
viejos tiempos de guitarras destrozadas y locuras. En este disco a ratos Muse
se parece a Queen, en otros a Prince y a U2 y en algunos incluso recuerdan a
Radiohead, pero quizá hagan mejores discos y dejemos de ser tan críticos cuando
en vez de parecerse a alguien, Muse quiera ser Muse.
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