miércoles, 3 de octubre de 2012

Crítica: The 2nd Law - Muse



          Tras la agridulce despedida del Origin of Symmetry en el festival de Reading 2011, Muse se alejó durante un año de los escenarios para preparar su nuevo álbum, uno que hiciese olvidar ese amargo regusto que dejó The Resistance, pues a pesar de ser un buen disco, se quedó en eso, en un buen disco meramente.

            Y con The 2nd Law, Muse continua esa tendencia de discos de transición. Algunos pueden criticar que se les ha subido la fama, cosa que no sabrán más que ellos y su entorno, pero sí que podemos resaltar un fenómeno clásico en la música, que cada X discos, los grandes grupos empiezan a perder su originalidad y caen por el propio peso del legado que dejaron. Y Muse parece seguir esos mismos pasos.

            En junio, se filtró Survival, la cual resultaría el tema principal de los J.J.O.O, más tarde se filtraría la primera parte de la sinfonía The 2nd Law, titulada Unsustainable donde Muse ampliaba sus recursos hacia el dubstep y finalmente, el primer single, Madness, que iba dirigido hacia un estilo más pop, lo que ya dio paso directamente al disco.

            En líneas generales no podemos decir que es un mal disco ni que suene mal si tenemos en cuenta la tendencia que lleva Muse en sus últimos 4-5 años, pero es verdad que resulta un disco caótico en el que existen demasiados picos y valles, momentos que te enganchan a darlo todo con la canción y otros que te llevan al sopor absoluto. Por contra, dicho caos también es una de sus virtudes que le atribuye al disco la variedad de no caer en un sonido monótono todo el disco, así como la gran variedad de registros vocales de los que Matt hace gala, pues a pesar del desgaste propio de los años, demuestra una gran madurez y técnica en el dominio de la voz.

            El principal mal de este disco es la expectación creada por el grupo y quizá venga condicionado por el nivel desaprovechado que denota el disco; da la sensación de que son capaces de mas pero se han asentado en un cómoda posición.

            Y justo ese aspecto del nivel es para mí el punto flaco de este disco hablando con respecto al sonido. Este trabajo se erige sobre el liderazgo como Matthew Bellamy como vocalista, es el sino y fuerza de su voz lo que hace que el disco gane y pierda enteros, lo cual me parece un error. Si eres solista, quizá sea el camino, pero contando con un grupo a tus espaldas, quizá sea una mejor opción aprovechar el talento y la variedad de tus compañeros en la banda para crear melodías más elaboradas y brillantes y no dejar recaer el peso del disco sobre la posición del cantante.

            Este tema también toca al mismo Bellamy, en un disco en el que apenas se nota la versatilidad de la que siempre ha hecho gala llevando el timón del grupo desde el liderazgo en la voz, la energía de la guitarra y la elegancia del piano, que fue ese sonido variado y trabajado que a muchos nos hizo tomarle como una referencia musical en el aspecto de la alternancia de estilos, así como el conocimiento de varios instrumentos que permitiese dar mayores matices a la música, tal como si fuese una paleta de colores.
            En cambio, a pesar de algunos cambios de ritmo, Muse cae en el paradigma quizá de la música en los últimos 15 años, que es el sonido lineal que triunfa por lo identificado que se sienta el público con su letra y no por lo virtuosa que sea la persona tras el instrumento o el micro. Así como además el disco cuenta con un abuso del sonido electrónico, que quizás en vez de un protagonista debiera ser un secundario de lujo, tal como pudo ser Bliss en el Origin of Symmetry, Take a Bow en el Black Holes & Revelations o Undisclosed Desires en The Resistence.

            Así pues, nos adentramos en la escucha canción por canción; empezando por Supremacy, que quizá sea uno de los mejores temas del disco.
            Su comienzo viene cargado de fuerza con un riff bastante cercano al heavy, al que viene seguido por la introducción del sonido orquestal de cuerda, recordando directamente al tema No Leaf Clover de la excéntrica incursión de Metallica en el sonido orquestal en el S&M. Sin embargo, de ahí en adelante, el tema pierde fuerza en el aspecto musical y concentra su fuerza en el chorro de voz de Matt, cayendo en uno de los recurrentes defectos de este disco, que es el exacerbado liderazgo del cantante. No obstante durante el resto de la parte vocal, Matt le aplica un sentido épico con el in crescendo que ejecuta en la estrofa principal. Del resto del tema, quizá quepa reseñar la inclusión de un muy buen solo, de los varios que caen en este disco, marcando una excepción ya que su sonido ha estado marcado por los riffs.

            A continuación llega Madness y la incursión popera del grupo. Mi cara de incredulidad era digna de foto; de cómo fue vendida como el mejor tema escrito por Bellamy, y sin embargo era un tema monótono y lineal, en el cual sólo llaman la atención un solo escueto, la carga sentimental de la letra y cuanto podían deformar los efectos la voz de los coros. De resto nos queda un tema decepcionante.
            La tercera canción (mi favorita para más inri) se titula Panic Station. Es de esos pocos temas donde percibes que Chris hace tapping con furia en el bajo rememorando el tema Another One Bites The Dust y además destaca por la incursión en el funk con un toque muy disco. Este tema (y ya van tres) vuelve a llevar un solo animado que incita al baile. No es una canción que se caracterice por ser brillante, pero es funcional: te lo hace pasar bien, te anima y te marcas unos bailes.

            Posteriormente llega Survival, precedido de Prelude, una brillante intro marcada por una excelsa y épica composición orquestal (dando una muestra del que según mi criterio debía haber sido el camino a seguir por la banda de Teignmouth). A colación llega el archiconocido tema de los juegos olímpicos, en el que para mí es de los pocos que muestran el gen Muse con el dominio de piano, dos buenos solos y la introducción de un buen riff. Todo ello con un coro que parece de ultratumba que parece y le aporta a la canción un toque espectacular. Sin embargo, esta canción cuenta con dos puntos flacos. En primer lugar, la simpleza de la letra y en segundo lugar, que el sonido recuerda demasiado a Queen y es algo que por las comparaciones les puede empezar a lastrar demasiado.

            Dando un brutal cambio de tercio, Muse comienza con Follow Me su ruta de la electrónica acercándose en ciertos momentos al dubstep. A decir verdad, de lo poco a destacar es la voz en la parte inicial y lo marchoso que resulta el tema, porque de ahí en adelante frustra ver el potencial instrumental perdido y la simpleza del tema. Quizá Panic Station pasase el filtro por su colocación, pero más temas de baile resultan cómicos para un grupo que se ha caracterizado por la experimentación con instrumentos.
            A mitad del disco nos encontramos con Animals, lo que da cierre a la mejor parte del disco. Un tema que nos recuerda a Radiohead y en ciertos rasgueos parece sonar la Fiesta Red de Mark Knopfler. A decir verdad es el único tema bien tocado y bien cuidado de principio a fin, donde por fin un buen riff y un solo llevan el mando en la canción. Dentro de este album queda encuadrado como un tema excelso, quizá por la introducción de un sonido más melódico de la guitarra y la voz muy cuidada. No es mi tema favorito, pero musicalmente para mí es el mejor tema del disco.

             Llegados a este punto, viene la parte mala, comandada por la emotiva pero soporífera Explorers. Es cierto que la voz vuelve a ser de una gran calidad, pero al oído se hace una canción muy repetitiva y que es la típica que te saltarías del playlist antes de dormirte. Puede gustarte la letra, pero musicalmente es un tema muy soso. Del mismo pie cojea Save Me, un tema cantado correctamente por el bajista, pero tal como leí, es un despropósito con autotune y a mi juicio es una mera escusa para dar a Chris una canción.
           
            Intercalada entre las dos anteriores, encontramos Big Freeze, que recuerda directamente a Neutron Star Collision y no llega a ser otro tema simple de los que adolece esta parte del disco. No es una mala canción, pero no queda claro qué pinta ahí. Vuelve a ser otro tema en el que te amargas pensando en el potencial de Muse y que tengas que escuchar eso.
             
El último tema vocal es Liquid State, nuevamente por Chris. Este tema parece rescatar los antiguos riffs de las b-sides de la era Hullabaloo, sin embargo, la voz no corresponde a lo que pide el tema, que exige las dotes de Matt. Además, la canción parece coger velocidad y fuerza, pero jamás llega a explotar, donde tienes la impresión de que le falta algo para ser el tema que debería ser.

            Finalmente, llegamos a la parte instrumental de disco que encontramos en The 2nd Law, subdividido en dos partes: Unsustainable y Isolated System.
            En la primera de ellas, asistimos a una música inicial que parece indicar la llegada de algo apocalíptico, sin embargo, a mitad, el tema sufre una ruptura musical con el giro hacia el dubstep que destroza el tema. Más que nada, el destrozo es causado por la incompatibilidad de esos estilos en ese momento que quizá por separado funcionasen mucho mejor. Porque por mucho que intentemos hablar de música electrónica, esto no llega ni de lejos a la música experimental y alegre de Jean Michel Jarre, ni al dubstep más actual, ya que no termina de adentrarse bien en el estilo.
            Y la segunda parte, mucho mejor que la anterior, empieza con ciertas reminiscencias al Tubular Bells de Mike Oldfield, pero nada más lejos de la realidad, pues las dotes de Oldfield para la composición siempre han sido superiores (también se ha dado sus palos), tras la que con una parte intermedia de piano, termina en una parte predominantemente electrónica, que a pesar de sonar bien, queda bastante lejos del nivel de Exogenesis.

            Os guste o no, el nuevo Muse ha llegado cargado de una música más cercana a todos los públicos y olvidando los viejos tiempos de guitarras destrozadas y locuras. En este disco a ratos Muse se parece a Queen, en otros a Prince y a U2 y en algunos incluso recuerdan a Radiohead, pero quizá hagan mejores discos y dejemos de ser tan críticos cuando en vez de parecerse a alguien, Muse quiera ser Muse.

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